TARSILA DO AMARAL, LA CANIBAL DEL ARTE

martes, 4 de abril de 2017



La artista plástica paulista es la pintora más representativa de la primera fase del movimiento modernista brasileño. Su cuadro Abaporu, de 1928, inaugura el Movimiento Antropofágico en los artistas plásticos del país. Comenzó a aprender pintura en 1917, con Pedro Alexandrino. Más tarde, estudió con George Fischer Elphons. En 1920, viajó a París y frecuentó la Académie Julien, donde recibió la orientación de Émile Renard. En Francia, conoce a Fernand Léger y participa del Salón Oficial de los Artistas Franceses de 1922, desarrollando técnicas influenciadas por el cubismo. De vuelta a Brasil el mismo año, se une a Anita Malfatti, Menotti del Picchia, Mário de Andrade y Oswald de Andrade, formando el llamado Grupo de los Cinco, que defiende las ideas de la Semana de Arte Moderno y se coloca al frente del movimiento modernista en el país.

Se casa con Oswald de Andrade en 1926 y, el mismo año, realiza su primera exposición individual, en la Galería Percier, en París. A partir de entonces, sus obras adquieren fuertes características primitivistas y nativistas. Es característico de esta época su cuadro Abaporu, que sirvió de inspiración al movimiento antropofágico, pudiendo considerarse incluso el primer manifiesto antropófago.

En 1933, pasa a desarrollar una pintura más conectada a temas sociales, de la cual son ejemplos las telas Obreros y Segunda Clase. Expone en las dos primeras Bienales de São Paulo y gana una retrospectiva en el Museo de Arte Moderno de São Paulo (MAM) en 1960. Se le dedica una sala especial en la Bienal de São Paulo de 1963 y, el año siguiente, se presenta en la 32.ª Bienal de Venecia.

Tarsila do Amaral fue llevada al cine y la televisión, interpretada por Ester Góes en la película "Eternamente Pagu" (1987), y por Eliane Giardini en las miniseries Um Só Coração (2004) y JK (2006).
 




























































































ODD NERDRUM: APOCALIPTICO E INQUIETANTE

domingo, 5 de marzo de 2017



Con una gran fama, aunque muy polémico en su país, Odd  Nerdrum nacido el  8 de abril de 1944 en  Helsingborg, Suecia. Es un artista con una clara y notoria influencia del tenebrismo, más concretamente de Caravaggio y Rembrandt.

Es un pintor que no se considera artista y que siempre ha huido de la modernidad porque para él es un arte que representa, aunque se afirme lo contrario, lo reaccionario. Pero curiosamente el pintor se ha convertido en un referente de un estilo alternativo denominado clásica figurativa, pintura difícil de realizar, hay que tener una gran cantidad de conocimientos técnicos. Con 18 años conoció el trabajo de Rembrandt por primera vez y comprendió enseguida que el camino sería largo, que fracasaría muchas veces antes de lograr plasmar en un lienzo con maestría lo que quería hacer.

Siempre estuvo  muy interesado en Caravaggio, un pintor que por entonces no era muy conocido, fue a partir de que en 1968 lo pusiesen en los billetes de 10.000 liras cuando empezó a ser muy famoso para todo el mundo. Me acusaron de ser un epígono de Caravaggio. Luego empezó a estudiar también las esculturas griegas, egipcias y, por supuesto a Rembrandt. Y es curioso porque los historiadores de arte opinaban que su pintura era muy  original, cuando era al revés, nunca había sido tan poco original, no dejaba de recrear idealmente estas influencias.  Lo único personal de verdad es el instinto hacia otro ser humano, ni Rodin o el Greco eran particularmente originales, sino que la pasión de su vida se manifiesta en el barro o la pintura.

Odd Nerdrum siempre ha manifestado que le hubiera gustado haber vivido hace trescientos años, le encantaría haber sido un schildermeister (pintor de retratos). Un pintor kitsch es alguien que reinterpreta su relación con el arte, la sociedad, y que siente una gran compasión por la humanidad; sus obras toman cierta distancia irónica para mostrar al público dobles significados o distintas lecturas. Los antecedentes serían todos los artistas que buscaron su propio modo de expresión con independencia de las modas o corrientes, como Goya, Rembrandt, Caravaggio o Munch. O el gran Velázquez que si hubiera sido pintor a principios del siglo XX, le denominarían como pintor kitsch.
Pero el tiempo varía desde unos pocos meses hasta diez años o más. El pintor nunca acaba del todo un cuadro, solo las máquinas terminan las cosas. Su proceso de lograr grandes obras es disfrutar de  la vida, trabajar y también dormir. Explica el artista que su  proceso de trabajo es como hablar sobre la  circulación sanguínea, ya que pone en acción todo lo que se le presenta ese instante para recrear lo que la mente crea.

Su obra se divide en tres grandes ejes: pequeños bodegones, retratos-autorretratos y grandes pinturas alegóricas. 

Estos tres ejes son grandes composiciones narrativas, lo vacío (void) –el ser humano sin contacto con el planeta tierra–, y cuadros idílicos –figuras en paisajes de una armonía arcádica–. Todas estas  ideas que el artista plantea  no pertenecen a los mitos, sino que surgen de lecturas filosóficas.

Por Víctor Manuel Guzmán Villena

















































































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