DEBORA ARANGO

domingo, 12 de mayo de 2013


Débora Arango Pérez, pintora expresionista colombiana.  Nace en la ciudad de Medellín en 1907 y muere en el Municipio de Envigado en el 2005, a la edad de 98 años. Tras finalizar la educación secundaria en el Colegio María Auxiliadora, inició estudios de pintura en el Instituto de Bellas Artes de Medellín, que abandonaría al cabo de dos años, decepcionada por el carácter convencional de la formación allí impartida. Discípula de Pedro Nel Gómez, participó por primera vez en 1937 en una exposición colectiva, en la que exhibió una serie de óleos y acuarelas y desnudos que resultaron escandalosos para el sector  conservador de la  sociedad  antioqueña.

A pesar de ser juzgada como inmoral, ella persistió en su empeño del arte. Dos años más tarde obtuvo el primer premio en una exposición organizada por la Sociedad Amigos del Arte en el Club Unión de Medellín. Realizó su primera exposición individual en 1940, en el teatro Colón de Santa Fé de Bogotá, y participó después en el Primer Salón Anual de Artistas Colombianos. Posteriormente mostraría su obra en otras exposiciones colectivas realizadas en las ciudades de Cali y Medellín, donde nuevamente sus obras  provocaron tal rechazo que se llegaron a pedir su excomunión.

Desde 1946 se interesó por la técnica del fresco y estudió la obra de algunos acuarelistas mexicanos. Viajó  por México, Estados Unidos, España, Inglaterra, Escocia, Francia y Austria. En 1955 presentó una exposición individual en el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid, pero al día siguiente de iniciada todos sus cuadros fueron retirados por orden de las autoridades franquistas sin ninguna explicación. Ello motivó su inmediato regreso a Medellín, donde ese mismo año expuso en el Centro Colombo-Americano una serie de cerámicas. En 1957 realizó una nueva muestra individual de pinturas en la Casa Mariana de Medellín. Más adelante, en 1964, expuso más de doscientas obras (acuarelas, óleos y cerámicas) en el Museo de Arte Moderno de Medellín y en la Biblioteca Luis Ángel Arango de Santa Fé de Bogotá.

Débora Arango fue la primera mujer colombiana que se atrevió a pintar desnudos, hecho que suscito encendidos análisis y juzgamientos de orden moral más no de orden artístico, aunque quizá no tanta como sus retratos de conocidos políticos con forma de animales (por ejemplo, en La salida de Laureano retrató al general golpista Gustavo Rojas Pinilla presidiendo un coro de sapos). A pesar de las controversias que suscitaba su obra, Arango recibió el premio Secretaría de Educación y Cultura de Antioquia a las Artes y Letras como reconocimiento a su aporte cultural.

El pensamiento que Arango concreta en su obra contribuye a la construcción de un imaginario colectivo que, 
a manera de crónica, se convierte en la conciencia de la nación, asunto que tiene consecuencias complejas para el presente que conoció y que definitivamente representaría una idea misma de realidad en la década de los años 80, cuando Débora es rescatada del olvido y se le otorga el lugar que hoy la sociedad le ha conferido. Pionera del arte moderno en Colombia, aunque su obra es considerada actualmente como Bien de Interés Cultural de Carácter Nacional, Débora Arango tuvo que luchar durante toda su vida contra los prejuicios y el rechazo de las élites políticas colombianas, debido en gran parte a la altísima carga de crítica social contenida en varios de sus cuadros sobre la época de La Violencia y los inicios del Frente Nacional (1946-1963). Estas obras constituyen hoy un importante lugar de memoria y hacen parte de esta muestra: Huelga de estudiantes, El tren de la muerte, Los derechos de la mujer, La lucha del destino, Justicia, El almuerzo de los pobres. A estas piezas se suman, a manera de paralelo y contraste, 13 retratos de sociedad que la maestra ejecutó en la década de los años 50 y que dan sentido global a las posibilidades de Sociales.

Las reflexiones plásticas de Arango nos recuerdan de manera contundente una época dramática en todas las instancias de la vida social colombiana, así como aspectos aparentemente anodinos en la vida de sus habitantes, tratados con la maestría que sólo ella puede sostener sin caer en desmanes o caprichos.

Su particular concepción del mundo, sensata, desinteresada y comprometida, la presenta como una mujer atípica que más allá de haberse enfrentado a las convenciones éticas y estéticas de su tiempo de una forma revolucionaria y con matices de militancia política, nos ha legado un espejo, un espectro complejo de nuestra propia identidad. Su actitud aguda y perspicaz hace que su obra sea actual y pueda verse como un reflejo de la realidad social de los pueblos latinoamericanos.

A Principios de la Década de los Cuarenta, Arango comenzó a realizar Obras de arte plasmando en sus lienzos  los problemas sociales que vivía Colombia, explorando temas como la prostitución, la pobreza, la explotación obrera y campesina, los asuntos de la mujer, los acontecimientos históricos y políticos, la violencia y la injusticia. Entre sus obras más destacadas sobresale el mural de la Compañía Colombiana de Empaques en Medellín titulado Alegoría a los cultivadores de fique (1947). Este mural se encuentra actualmente en las oficinas de los almacenes Éxito, en Envigado. También destacan sus obras relacionadas con los hechos ocurridos el 9 de abril de 1948, conocidos como el Bogotazo, y con la caída del presidente de la república Laureano Gómez. Al inicio de los años sesenta realizó una serie de pinturas para ilustrar el vía crucis en la capilla de la casa de retiros Betania, ubicada en la ciudad de Barranquilla.







































































































































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