ANTONIO CANOVA Y LA PUREZA DE LAS FORMAS

lunes, 29 de diciembre de 2014

Gran escultor y uno de los principales artistas del Neoclasicismo es Antonio Canova (Possagno, 1757 - Venecia, 1822). Entre sus obras, algunas de las más conocidas de toda la historia de la escultura: Paolina Borghese, Las Tres Gracias, Amor y Psique, Venus..., así como un gran cantidad de retratos, cenotafios, etc.  Además  fue un pintor de respetable nivel, aunque no demasiado prolífico. Pero, sobre todo, Es un personaje fundamental en la historia del arte porque a él se debe una interpretación de la estatuaria clásica caracterizada por la pureza, la ausencia de color y el equilibrio que no siempre se corresponde con el original greco-romano, pero que sus estudios terminaron por asentar en el momento clave del nacimiento de la historiografía histórico artística.

En cada obra el escultor muestra la sensualidad y la vida del personaje marcada por un componente impetuoso de erotismo, donde el mármol y el bronce encierran la esencia más secreta de la sensualidad. La frialdad que oculta el material  disuelve la carne y la sangre del pensamiento antes de convertirse el mármol en arte. La sensualidad de su trabajo detrás del cual se esconde una pantalla geométrica rigurosa, una estructura marcada por cánones arquitectónicos graves de gran clasicismo, sin embargo, la profunda inmersión en el arte del escultor Antonio Canova, lleva su obra a un rigor conceptual de una ejecución sublime. 

La obra de Canova es un acto de una  realización difícil y atormentada. Es una lucha en que los esfuerzos del artista por  llevar el inmovilismo del mármol elocuente a un estado sublime de arte logra penetrar en esos bloques el esfuerzo dramático de los cuerpos con sus movimientos, dándole aliento para que la escultura cobre vida y así el Maestro  gana en todas sus obras su reto personal.

Admirar es  percibir estas sensaciones de un  erotismo sutil, de un toque sensual y delicado que el artista ha mantenido con sus herramientas y con sus materiales, produciendo  una relación sublime entre el material y el  resultado de la manipulación, donde el escultor logra encontrar nuevos  significados en la unión entre las membranas y huesos delicados y frágiles, entre la epidermis y las costillas, como un cirujano disecciona a un amante y a su amada logrando reconstruir con dedicación cada detalle de sus cuerpos. Se revela a nuestros ojos una caricia para siempre grabada en la boca deseada, o rasgos objeto de su pasión soñado, que busca el amor en su esfuerzo inhumano. La obra del escultor logra que los cuerpos de estas obras plásticas, revelen la esencia para intentar encontrar el alma que vivifica y da  aliento bañados por  una savia que busca que las figuras renazcan  donde antes todo parecía muerto y cristalizada. 

Víctor Manuel Guzmán Villena
diciembre 29 del 2014




























































































































































































































































































































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